Conociéndome más

Creen conocerme mejor pero ni siquiera lo hago yo misma… Solo sé que el amor es lo único a lo que aspira mi vida y que nada hay más bonito que el simple hecho de que te lean, te recuerden y te entiendan.

Me lees? — 18 mayo, 2017

Me lees?

No sé si me lees o si me sigues leyendo.

Si no paras de rebuscar aquí algún cobijo para sentirte querido aún sin estar yo presente.

No sé si sirven estas palabras para algo. Si no mueren o se disuelven al segundo de ser vistas, de ser repetidas en tu mente y conservarse en tu corazón.

Lo más bonito que me ha pasado en la vida fue encontrar una razón para escribir y no parar.

Para que me acuerde diariamente de tu nombre. De esas manos que nunca desearía que dejaran de tocar mi cabeza. Para que me acuerde de la manera en que te conocí.

No sé. Aún no sé si me lees. Tampoco sé si sueñas conmigo como yo contigo.

Nunca se te ha dado bien acordarte de los sueños. Tampoco te lo recomiendo mucho. Yo lo hago constantemente y a veces es mejor olvidarlos.

Todavía no sé si despertaré como en muchos de ellos… viajando contigo a todas partes, viendo a esa niña con vestido blanco asomada a un balcón de barrotes metálicos negros y dos coletas en la cabeza. No sé si es tu rostro el que está difuminado enfrente mío en un altar con cien ojos mirando… con la luz del Sol.

No… No…

No lo sé. Aún no sé por qué duermo sin dormir. Por qué sueño estando despierta que tú me leas. Que me recuerdes siempre también. Que algún día comprendas que eres eterno. Que vives en palabras… que ya eres más que un verso.

Contigo de la mano — 4 mayo, 2017

Contigo de la mano

Sabía que el amor era algo de lo que nunca uno podía arrepentirse.

Que ese sentimiento es el más bonito que alguien puede llegar a sentir cuando lo conoce o… cuando lo recupera.

Muchas chicas han tenido la grandísima oportunidad de haber querido a varias personas a lo largo de su vida y también, de haber recuperado a personas que estaban sin estar, algo sumamente confuso pero real.

No me arrepiento de haber vivido mis días de esa manera. De haber dicho las cosas que dije. De haber abrazado. De haber bailado lento. De sonrojarme si me hacía reír…

De lo único que me arrepiento es de no haberme dado cuenta antes al cien por cien de que jamás ha habido amor igual al que sentí hace una docena de años.

Vuelves a estar conmigo y de la mejor forma en la que podrían estar dos personas.

Mirándonos y riéndonos. Tu observándome con tus ojos de mar y la cabeza baja y yo queriendo alzar mi boca hacia tus labios y no separarlos más.

Es esto lo que inspiras. Lo que enhalo cuando estás a mi lado.

Ahora siento que te hago más feliz que antes. Más fuerte y luchador. 

Si la gente de mi alrededor nota que has cambiado sin apenas verte imagina cuánto veo de ti cada día que estoy contigo.

Lo malo no se ve tan malo sabiendo que me quieres. Confío en lo imposible porque tu me contagias esa positividad que creía olvidada.

Balcones (2a parte) — 26 marzo, 2017

Balcones (2a parte)

El segundo “balcón” está de camino a Mallorca. Ya me entenderéis.

Ese era el destino de nuestro viaje de fin de curso en el colegio. Yo no quería ir pero mamá insistió en que me lo iba a pasar bien y que iba a tener buenos recuerdos.

“Buenos” dijo… simplemente tengo algunos fugaces.

En el colegio yo era una niña algo rara.

No me sentía bien al pensar que era distinta a los demás. Por aquel entonces no habían clases multiculturales como ahora y era la única que era de fuera de Albacete sin serlo ya que soy albaceteña en realidad pero bueno, siempre se queda uno con el exterior. Se ve que es lo que nos dirige.

En fin. Durante la EGB pues… no tenía amigos en mi clase. Sí que me llevaba bien si eso pero… no. No confiaba en nadie en realidad.

Incluso fue en 3° de primaria cuando un niño me robó toda mi colección de cartas de olor y no pude decir nada… es lo que más me duele. Eso era lo más valioso que tenía con 9 años!!.

Luego acabaría él regalándosela a una niña que pasaba de él y yo mientras a quedarme sin mi mayor tesoro y, por supuesto a no decir nada.

Creo que es lo que más me dolió y ahora que lo pienso doy gracias porque hoy en día el acoso escolar o las trastadas son de un modo sumamente peligroso y exagerado así que… eso.

Con lo debilucha que era no habría aguantado nada.

En fin… con esto quiero contaros que era introvertida pero alegre. Simpática pero tímida. Con una amiga que se llama Rosa que fue quien me salvó de pasar los recreos sola. Ella no iba a mi clase pero me dio la felicidad entera. Recuerdo que la conocí en la fuente de agua je je je. Éramos uña y carne.

Véis otra vez me estoy andando por las ramas…

El viaje!!

El viaje fue curioso. Fuímos en barco y volvimos en avión.

Recuerdo que una noche en el barco salí a dar una vuelta durante una fiesta que daban en la discoteca sirviendo San Franciscos sin alcohol.

Me perdí y di casi a parar a los motores del pequeño transatlántico.

Caminé un poco más y aparecí en una borda donde un niño que me gustaba por aquel entonces estaba asomado mirando al mar.

Yo le miraba en la distancia. Jamás se me habría ocurrido decirle algo, ni un simple “hola”. La noche era algo fresca porque se notaba la humedad en la cara. El aire era puro y Dios nunca volví a ver tantas estrellas juntas hasta unos años después.

Él se giró y me escondí. Me sonrojé y apuesto lo que sea a que él también se sonrojó porque se marchó algo temeroso al ver que una niña le observaba.

Mi curiosidad era enorme y cuando vi que me quedé realmente sola donde él estaba quise ver qué estaba mirando.

Era el motor trasero del barco. Las hélices gigantes dando potencia al transporte y a mi corazón. Bombeé mucha sangre por los nervios. Por la belleza de ver hasta sus gafas con pequeñas gotitas de mar y fina lluvia veraniega. Sus ojos mirando al infinito… y…

De repente vi que delfines saltaban las olas que nosotros íbamos dejando con el barco. Me sorprendí tanto… delfines!!! era eso lo que Pedro estaba mirando? o acaso era el cielo estrellado de noche? o puede que simplemente se diera cuenta de que algo estaba cambiando?

Era inevitable apoyarse en la barandilla con la cabeza baja y fantasear con que volvía y me sorprendía por detrás diciéndome que yo también le gustaba… qué ingenuidad más inocente. Qué irrealidad. Eso es algo que nunca se me ha perdido. Siempre estoy con mis expectativas! con mis apuestas mentales en las que ganar o perder siempre me afectan de modo extremo.

Esa fue la última vez que lo vi. No coincidimos ni en el instituto ni por Albacete.

Recuerdo su cara de bueno y sus gafas redondas. Su pelo medio “a cazo” y sus camisas de cuadros. Recuerdo que era un empollón y seguro que tiene una vida ahora estupenda. Se lo deseo.

Se le puede llamar balcón a la barandilla del transatlántico? éramos Julietas para los delfines.

Unos amantes en la mente de una quinceañera que viajaban a otra fase de la vida donde ya no todo era tan fácil. “Bye bye” a ser niños porque pasábamos a la adolescencia.

Mi segundo balcón fue contigo, con las estrellas y las canciones de los delfines saltando. Ese fue el momento único del barco.

Balcones (1a Parte) — 25 marzo, 2017

Balcones (1a Parte)

Estos días me han venido a la cabeza dos de los recuerdos más bonitos que creo haber vivido en mi infancia.

No es que sea una abuela ya pero eran momentos de transición. La típica edad del pavo en la que creías enamorarte de cada chico que te sonreía. 

* Balcón 1*

Siempre jugábamos en el patio de mi casa que, de particular no tenía nada… simplemente era un patio. Con finos árboles y con trasteros rodeados por columnas donde el escondite era todo un reto ganarlo.

Me acuerdo que muchas veces mis hermanos y yo bajábamos a jugar con los otros niños, que era muy divertido estar ahí y que a veces tenía hasta cierto riesgo ya que papá nos castigaba sin poder bajar sino acabábamos los deberes antes y bueno, nosotros éramos tan listos que he de admitir que el permiso nos lo dábamos nosotros subiendo justo a tiempo cuando él regresaba a casa. Ja ja ja. Niños…

Esto quiere decir que funcionaba mmm un 75%. El 15 restante je je je mejor no recordarlo porque se enfadaba mucho y no recomiendo las regañinas.

A lo que voy…

De todos los balcones que rodeaban el patio solo había uno que se ganaba toda mi visión. El que tenía mi ilusión cogida entre delicadas cuerdas. Era el balcón de Julieta pero convertida en un niño adorable y precioso!!

No me acuerdo muy bien si lo conocí en el colegio o por ese balcón. Quizás eso no sea importante porque solo sé que ese niño me enamoró con los más bonitos e inigualables ojos verdes-azules-turquesa-topacio. Y sí, tienen esos cuatro nombres, la descripción de sus ojos posee cuatro palabras encadenadas entre sí unidas por mi corazón de entonces.

Iván…

Iván jugaba conmigo en el colegio.

Todavía puedo ver su cara de niño en mi mente. Su pelo castaño de punta pero medianamente más largo que corto. Todavía siento su mirada baja dirigida hacia mi porque era más alto que yo y que otros niños.

Recuerdo que al salir de la escuela iba con su hermano pequeño Tomás cogido de la mano. Iván era el hermano mayor. Su protector.

El caso es que no hablaba con otras niñas o al menos que yo haya visto.

Era bastante cortado al principio y luego cuando te cogía confianza no paraba de jugar metiéndose contigo y haciéndote rabiar para después perseguirle en una carrera donde él también te perseguía a ti.

Cuando yo bajaba al patio él no bajaba muchas veces. Intuyo que sus padres no querían que se juntara con los demás del barrio. 

Él se asomaba al balcón y cuando me veía hablaba conmigo desde su segundo piso y yo subida en el banco admirando su voz y deseando que bajara alguna tarde o alguna noche de verano. Luego venía su madre y se lo llevaba de mi lado lejano.

A veces lo pillaba mirando sin querer a través de las cortinas… Él no sabría que yo también le miraba porque yo estaba entre las columnas esperando que se asomara a buscarme.

Quizás nunca supo o se dio cuenta de que fue uno de mis primeros amores.

De que habría dado todo por haber sentido un primer beso en la mejilla o un primer abrazo.

Solo me acuerdo de sus ojos… de esos tristes y hermosos ojos que sólo brillaban cuando jugaba conmigo.

Iván y su familia se mudaron un verano y no volvieron más.

Que yo sepa, una niña que conocíamos en común me dijo que se había marchado a vivir a Campoamor…

Hubiera querido ir más al colegio con él aunque no hayamos ido a la misma clase.

Mira que la vida me enseñaría con esto a no callar mis sentimientos y a expresar y decir en cada momento lo que siento y quiero y deseo pero… este “error” o fallo mío volvería a repetirse con otro capítulo más en el 2° balcón pero… eso será mañana.

Siempre recordaré a este niño. A ti Iván.

Si fuera parte de su canción… — 22 marzo, 2017

Si fuera parte de su canción…

A ver qué puedo escribir en 20 minutos.

A ver qué surge en mi cabeza tras haber leído algunos recuerdos de cosas que podían haber sido y no fueron.

Digo esto porque quizás habría sido el “hoy” diferente.

A lo mejor ella estaría sola… mirando al techo pensando en cómo poder dormir así, en cuándo volvería a verlo… en si cambiaría algo a mejor…

A lo mejor a él se le hubieran ocurrido un par de canciones en francés y habría cogido la cámara para dar un paseo por la ciudad y salir con su soledad ya que era su amante. La soledad es amante para muchos… Ella no se separaba de él y él solo quería encontrar su musa.

Me pregunto si estos personajes que se toparon unos minutos en toda su vida volverían a decirse todo sin palabras.

La admiración que se desprenden el uno del otro. Esa pasión no desatada que buscan en la vida pero no logran domarla a su antojo.

Quizás en esta vida busquen cosas distintas. Ella algo más de estabilidad emocional y él muchas más experiencias que hagan palpitar a su razón y den mil palabras ordenadas a su corazón.

Ella aspiraría a imaginarse ser la protagonista de su diario, de sus canciones, de sus fotos, de sus letras…

Él aspiraría a convertirse en lo platónico y lejano de una vida cotidiana y normal a la que poder dar brillo y magia con unos pocos toques. Esa varita suya… su cabello… su voz…

Hoy en día viven en universos paralelos. Ella sumergida en el mundo real con los pies en la Tierra deseando saltar montañas y pisar el mar.

Él vivía entre casas blancas y olor a hierba fresca. Entre sonidos de piano. De guitarra. Con un espejo que le muestra lo que puede conseguir con su esfuerzo y pasión. Con mil personas que gritan la palabra con la que se llama a él y a ese círculo de astros que aumentan la atracción y bajan la gravedad. Él hace flotar. Él consigue que se acabe volando.

Ojalá en otra vida la canción favorita de ella sea lo que tararea él en el baño mientras se lava los dientes.

Ojalá ella salga en esa canción.

Hoy — 4 marzo, 2017

Hoy

Hoy voy a escribir de tí.

Voy a escribir de mí.

Voy a escribir que te pienso. Que te recuerdo. Que a veces te olvido.

Voy a hacer como tú pero no para mí misma. Voy a demostrarte que me muero por tí.

Tuvimos un amor entero. Completo.

Ese como el que aparece en cualquiera de nuestras sagas de libros preferidas. Brillante y sincero. Fugaz y doloroso. Perecedero.

Nuestro amor fue comentado, envidiado, encarcelado por muros que nos ponían y que a veces hasta fabricábamos tú y yo.

Un amor de película.

No de esos que ahogan. Teníamos libertad. Decisión. Rabia. Personalidad.

Nuestro amor era de esos que llenaban hojas de nuestros diarios. Páginas de blogs. Emails infinitos.

Sabes que hoy estoy segura de que esto no ha parado? que sigo sintiendo lo mismo por tí?

Aunque te hayas ido. Aunque lo hayamos dejado. Esto que nos ocurrió fue real. Lo es porque en esta Tierra sigo estando.

No respiro el mismo aire que tú ni veo lo que tu ves a través de esas ventanas de tu casa pero por las noches vuelo hasta tu cama y te invito a soñar con lo que tuvimos.

Ese amor loco. Ese amor imperfecto.

Como puedes ver… soporto bien que no estemos juntos.

A lo mejor es porque me convenciste de que es mejor así. Vivir sin estar enamorado pero queriendo estarlo no es manera de pasar los días. Es preferible contar los segundos una y otra vez para poder olvidarte.

Lo que más me gusta es eso… olvidarte… Olvidarte para volverte a recordar. Así una y otra vez. Sin escatimar en tiempo. Sin preocuparme de causar odio o rencor.

Hoy me encuentro mejor que nunca porque al no tenerte te veo más valioso. Eso significa que tú también me ves así a mí. No me mientas. Somos almas gemelas.

Nada cambiará a este “hoy”. Ah sí… que ya es mañana.

Regalos — 15 febrero, 2017

Regalos

Sabía que podía conseguirlo.

Que sólo tenía que dar lo mejor de su persona para que él/ella se diera cuenta de que la vida podría preparar algo tan inesperado como deseado en una cosa mágica, real e imborrable.

Recuerda la primera vez que viste un detalle bonito de alguien que no era adicta/o a regalar ese tipo de instantes. Esa persona seguro que se dice y se repite a sí mismo/a: “Puedo con eso y con más, no se arrepentirá, no me olvidará jamás”.

Seguro que valoráis esas cosas de quienes pensáis que no son detallistas y luego: “Zas en toda la boca”. Todo el mundo conoce personas así, sorprendentes y aleatorias según el cuándo, el dónde y el por quién.

A mí lo que más me gusta es el Modus Operandi , ese momento de preparación en la que los nervios se apoderan de ti y llegan las preguntas de si le gustará, si valorará lo mucho que significa para ti, si sabrá que eso no es nada comparado con lo que le puedes llegar a dar, preguntándote qué carita pondrá cuando se encuentre con la sorpresa y leas todo en sus ojos.

Las ideas de momentos irrepetibles se multiplican al saber que procuran felicidad extrema a tu ser querido.

Y luego… el agradecimiento. 

El agradecimiento es el último paso y el más bello sin duda.

Es ahí cuando te das cuenta de que el trabajo ha valido la pena. Que el esfuerzo ha sido poco si ha sido por ella/él.

Cuando te dice todo con su abrazo o con su beso y te quiere responder con creces a cada señal que envían tus gestos.

Dios… esos segundos son eternos.

Ese es el verdadero regalo. Es cuando encuentras en esa persona lo más valioso que puedas llegar a ver y a sentir.

Ojalá nunca pare de desenvolver celofán.