Publicado en Sentimientos y Recuerdos

Mensaje no recibido.

Los días van pasando y me voy haciendo más pequeño para ella. Así acabaré desapareciendo y no sé cómo solucionarlo.

La quiero pero no de la manera que se merece. La amo pero no con ese mismo amor que puede sentir mi mejor amigo por su esposa.

Quizás soy muy raro o puede ser que mi forma de ver las cosas sea tan inusual que sorprenda.

Últimamente la evito mucho. Sé que me puede sacar el tema mientras intento dormir o cuando estoy viendo mi serie favorita. Nunca se me ha dado bien hablar de mis sentimientos y mucho menos defenderme de sus frases que pegan derechas que no se pueden esquivar.

Ella quiere saber lo que me ocurre y el problema es que no lo sé ni yo y no quiero recurrir a otras personas que quieran escuchar mis ideas. Seguro que nadie me entendería. A veces no me entiendo ni yo. Eso debe servir de algo.

Tan incomprendido estoy… tan enamorado de ella estaba o… lo sigo estando?

Debo de estarlo. Estoy convencido de ello. Me jodería mucho verla sola y más con alguien.

Y es que cada mañana quiero darle un leve y breve beso en la frente. Taparla si tiene frio. Comprarle esas galletas que tanto le gustan.

No he tenido tiempo de demostrarle lo buen tío que puedo llegar a ser si algún día me llevo la alegría de ser su esposo o el padre de sus hijos pero no tengo el valor o la valentía de hacerlo ahora ya que no es el momento apropiado. Pero cuándo es ese momento? No tengo las fuerzas necesarias a día de hoy o es que mi reloj está atrasado y llego tarde a los sitios por eso.

Lo que también sé es que ella se ha cansado de esperar. Normal. Le he pegado cierta parte de mis tardanzas.

Que lo ha intentado, sí. Se ha comido mis costumbres. Mis quejas. Ha evitado el sushi o el marisco que tanto le gusta por mi. No compra queso por mi. No cambia de planes por mi o bueno… hasta ahora.

Últimamente no para en casa. Hace lo que hacía yo. Perder el tiempo, pensando que lo gana, recorriendo calles sin sentido.

Ya no hacemos cosas juntos. No nos reímos de las misma forma. Hay cojines de por medio. Almohadas. Una espalda a la que antes veía cuando gozábamos de nuestra luz común y ahora sólo la veo de lejos como una guitarra desafinada olvidada en un rincón.

Me siento culpable. Así me siento.

Su cuerpo desaprovechado. Mis manos heladas sin captar su calor.

Sus suspiros… porque sí, ella antes también suspiraba.

Pero también he de decir que no lo soy. No soy culpable!. Mi cabeza va por un lado. Mi corazón por otro. A veces se juntan y forman un todo pero ahora ha aparecido una tercera cosa sin nombre que ha apagado ese interruptor que encendía todo de mi.

Me he quedado sin cerillas. Intento frotar dos piedras que encontré durante el tiempo que ella me abrazaba y temblaba al verme. Las aprieto junto a mi y, por mucho que no crea en Dios, rezo a algo para que haga que se quede a mi lado un tiempo más.

Debe ser egoísta pensar así pero no me creo que esto se haya acabado.

Antes había más gente alrededor. Más problemas. Más distancia.

Esto no está pasando. No.

Tengo que hablar con ella. Cogerla de la mano. Llorar. Gritar. Enfadarme. Pedirle cuentas a esta vida y decir: por qué estoy aquí? Sólo para trabajar? Para levantarme sin ilusión y acostarme de nuevo sin ilusión a que llegue otra vez el mañana?

La quiero. Te quiero.

Quiero que seas feliz. Que vuelvas a recordarme quién soy. Quién fui. No te mereces a otro chico. Te mereces a mi mejor versión!.

Tú me conocías de verdad. Por algo te enamoraste de mi antes. Y lo reconozco… fuiste la primera. Me enseñaste lo que era amar y ser correspondido. Deseado. Único.

Para ti lo era todo y no quiero acabar siendo nada.

Estoy asustado de que te alejes tanto de mi y de que te pierdas en esa lejanía tan… desconocida.

Ojalá nadie se te cruce en el camino mientras dudas si soy o no el chico al que admiras y quieres.

Y si alguien se cruza… Y si te enamoras? Porque seguro alguno se enamorará de ti. Aún tienes mi perfume. Mi seña. Mi roce.

Quiero luchar por esto. Quiero y puedo. Podré. No me dejes olvidado entre tus espejos y espejismos. No recojamos las cosas y marchemos a sitios distintos.

Yo quiero estar en tu corazón. Que no me olvides nunca. Que siempre me quieras coger de la mano y no como últimamente.

Odio mis antiguas formas. Tenía que haberte disfrutado más. Amado más. Tenía que haber visto que cuando te perdí la primera vez no podría permitirme otra y, pasó.

Amor… prometo volver a brillar. Soy como una de esas estrellas que veíamos en el río. Sí, aquel sitio al que no te volví a llevar pero que si me dieras una nueva oportunidad… volveré a llevarte y allí amarte con el sonido del campo de fondo.

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Sus abrazos

Érase una vez una forma de abrazar que podía alejarte las tristezas y las inseguridades.

Una manera de dejarte tranquilo y sin pasar por ejercicios de meditación. Sólo se necesitan unos brazos acogedores y fieles a un sentimiento. Fieles a la idea de que sólo tu puedes entrar en ese círculo de calma y de cariño.

Hay gente que no los pide. Gente que no los valora.

Gente que no cuenta los segundos sino que pierden el sentido del tiempo e incluso de la orientación.

Yo cuando son más de tres Mississipis ya… toco las estrellas aún sin tener nuestros poros contacto directo y sin distinguir si es chica o chico.

Creo que esos abrazos son los más valiosos e incalculables.

Lo que me pregunto ahora es lo que sienten los que apenas abrazan. Los que no ven eso como algo importante.

Compartirlos debería ser una de las leyes diarias de esas que están escritas en libros.

Siento algo de pena por los que no opinan lo mismo. Cuando uno abraza a otro las energías se suman y si alguno tiene falta de ella pues se la compensa.

Es como un par de oídos eternos que escuchan tus miedos y temores que no pueden gritar porque no les das voz.

Si yo te abrazo… me gustaría que fuera recíproco.

Si tu me abrazas… Ojalá pueda durar para siempre.

Si no me abrazas… me siento sola y desamparada. Abandonada. Sería muy importante ese tipo de detalle diario.

Si no te abrazo… algo pasa. Date cuenta que algo ocurre que no cuadra y… tendrías que hablar conmigo.

Érase una vez una forma de abrazar… una que equilibra las almas. Un modo de demostrar el amor. Un inicio de darle rienda suelta a la pasión. Una señal de empatía. Un modo de acompañarte allá donde tu cabeza viaje o esté inmersa.

Quiero tus abrazos. Amo tus abrazos. Amo tus brazos fuertes y ojalá sea fuerte tu sentimiento al abrazarme a mi.

Nos quiero. Nos querré siempre.

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No te vayas todavía.

No te vayas por favor…

Estoy tan tranquilo caminando a tu lado. Escuchando todo lo que dices. Mirando tu sonrisa cómo se agranda o se vuelve diminuta cuando te sonrojas.

No te vayas.

Quédate a mi lado. Bueno… qué estoy diciendo? Sé que lo harás.

Contigo me creo el rey del mundo. Que nadie puede conmigo.

No sabes el bien que me haces. Lo inesperado que fue todo esto y míranos!!!

Lo que costó que me vieras como yo te veo. Que me cogieras de la mano. Que me besaras en el coche. Que me estrecharas en tus brazos con esa intensidad y ganas que te tengo yo.

Eres tan única. Tan especial.

Contigo al lado soy capaz de cualquier cosa y lo quiero todo. Todos tus sueños. Todas tus ilusiones. Todo lo quiero compartir mientras esté junto a ti.

No esperaba enamorarme de esta forma. Tan casual. Tan de repente y caí.

Caí en la cuenta de que las casualidades no existen. A ti te ha puesto algo o alguien en mi camino y, aunque sienta celos de quien estuvo en tu pasado, sólo pienso en convertirme en tu presente más inmediato y en tu futuro más infinito.

Tu que me miraste con esos ojos oscuros. Yo que ruboricé mis mejillas al comprobar que te vi en otro sitio de manera fugaz.

Es el destino. El azar. La suerte. La bendita fortuna que me da la oportunidad de vivir contigo cariño.

No te vayas todavía. No subas a casa aún.

Quédate conmigo y… no te vayas nunca por favor.

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Cuidados naturales

No puedo dejar que se marchite.

Fue demasiado bonito para dejar que muera. Para no intentar reanimarlo y… volver a sentir esos vahos de respiración.

Por mucho que me pierda ahí fuera en el mundo y por la luz y el agua que exista para mis raíces y secas ramas todavía continúo de pie por lo nuestro.

Admito que algo de Sol me llega por estos pequeños agujeritos que hacen traspasar la lluvia en mis días oscuros. Ese Sol enamora pero tengo miedo a que me queme.

Puede que otras gocen de esos privilegios pero a mí no me hacen falta. El esplendor me asusta de lo grande que parece ser y brilla tanto como la Luna que ahora me cuida entre giralunas.

Él me cuidó desde el principio abriéndome esa ventana de esperanza cuando todas las puertas se cerraron.

Me quitó esas espinas que atravesaban la piel. Me curó tan bien con sus canciones y con estar ahí en silencio. Simplemente con eso.

Ahora que puedo vivir en un terreno fértil y abierto al mundo desde en el que, incluso lo veo a Él tan pequeño, me he decidido a aguantar.

Soy fuerte. Me pesan los años. Mis brazos siguen firmes y quieren abrazos infinitos. Me riegan cada mes o mes y medio y sino he muerto aún es porque todavía tengo viejas canciones en mi cabeza. Esas que compartíamos en nuestros viajes. Esas que hasta cantamos a dúo.

Nadie nos entenderá. Es demasiado complicado.

Ahora no puedo pensar en otra cosa. Dicotomías. Pros y contras. Pero es volver a casa y… quitarme las gafas de ver y volver a cegarme con ese aura gris que a veces se vuelve del color de uno de esos atardeceres que veíamos conduciendo e incluso, un pálido color rosa.

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El Beso

Recuerdo cuando vi esa estatua en París.

Recuerdo que me quedé prendada de ella unos diez minutos o más. Que no me podía creer que un ser humano pudiera crear eso con sus manos. Con un cincel. De un todo compacto a dos formando un todo.

Vamos… Era como comprender que algunos cantautores músicos sabían explicar el dolor de un corazón roto o gritar las razones entrelazadas, la una con la otra, para intentar volver con quien se ama.

El beso. Ese acto mágico que hace que una de tus piernas se eleve sola.

Que hay de muchos tipos… sí.

Que cada persona los interpreta de formas distintas pues también.

Pero que hay momentos en los que dos personas que ni se conocen al cien por cien cuadran por completo al hacerlo. Como si sus labios hubiesen sido tallados por un Dios que, jugando con maravillas y con un destino, sabía que si se encontraban iban a encajar en todos los sentidos de la palabra.

A lo mejor recuerdas el primero. Ese tan tierno en un parque. Un pequeño roce que ni siquiera sabes por qué lo llegaste a dar.

También está ese apasionado… El que diste después de unos cuantos bailes y alguna copa. Ese que te impulsaba a más y que controlaste por miedo de no volver a saber de la otra persona.

Después quiero meter al sincero. Ese beso trabajado. El que uno se ha ido imaginando desde el primer momento que conoció a su pareja. Ese que las miradas guiaban e iluminaban ese camino de roneo y acababa con algo de pasión controlada ya que sabías que tarde o temprano no habrían miedos porque aquello no tenía fecha de caducidad.

Pues imagina los tres juntos (aunque seguro que hay mil más).

Imagina que ese beso puede llegar hasta a salvarte. El beso de la vida nueva. El que ni sabías que ibas a volver a dar y de repente… flotas. Flotas con alguien inesperada. Flotas porque no sabes ni dónde ni a cuánto estás del planeta pero sí que sabes por qué. Porque es la persona adecuada desde el primer instante que te cruzaste con ella.

Qué te puedo decir más…

Que si por alguna casualidad has perdido esa ilusión de besar o de ser besado sólo mirate al espejo.

Recuerda el momento más feliz de tu vida y vuélvelo a imaginar. Vuelve a creer. A crear!

Si no confías en tí mismo jamás vas a poder revivir algo así y si no lo pruebas de nuevo… Uno: no revives tú. Dos: no revive nadie.

El beso. El beso de la fuerza. De la confianza. La mayor nuestra de amor y de cariño.

Dichosos quienes los dan y aún más quienes los reciben.

Amén.

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Lo que me inspira Oceans

Tengo que aguantar y reprimirme.

No puede volver a pasar. La misma historia no.

Podría salir bien pero también mal.

No has hecho nada malo. El problema es mío.

Quiero volar y no tengo las alas. Quiero correr y no dispongo de fuerzas.

He pasado tanto tiempo viajando sin moverme del mismo sitio. Evitando las líneas estilo montañas. Arriba y abajo. Arriba y abajo y yo… Yo vivía siempre en fosos sin luz alguna.

Tengo que dejar de ser así. La vida se me va.

Nada va a cambiar. No hay esfuerzos. No hay premios que conseguir. Sólo es resignarse. Sólo es perseguir estrellas fugaces.

Las quiero coger todas y me vendas los ojos para seguir perdida junto a ti.

Libérate corazón. Libérate mente.

Libérate y… volaré.

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Lo que me inspira The night we met.

No lo sabía.

Qué me iba a imaginar.

Quién me lo podía haber dicho.

Sino… me habría puesto más guapo. Me habría preparado algunas frases que te hubieran sorprendido.

Pero no. Yo bajé con un café recién tomado y sin pensar que allí podía encontrarte.

Ya llegaba tarde y… subieron mis pulsaciones.

De repente las puertas se abrieron. Había gente por todo lado y vi a un grupo de amigos.

Se reían con alguien. Eran de esas cosas que hacían olvidarse a uno de los problemas.

Podría haber sido más cuidadoso al unirme a ellos pero me cegaron esos ojos color almendro. Mis piernas temblaban pero las pude controlar.

Me miraste tan fuertemente que mi corazón se quedó junto a tu mirada y sonrisa para siempre.